Los problemas más frecuentes en la Escuela

Hace unos pocos días alguien me preguntó cuáles son los problemas más frecuentes con los que nos enfrentamos en los departamentos de orientación y ello me pareció un tema muy apropiado para tratar en nuestro blog; así que recogiendo el guante de quien me lanzó dicha duda vamos a empezar a puntualizarlos y desarrollarlos brevemente con la promesa de dedicarles próximamente a cada uno un artículo específico.

 

PROBLEMA ESTRELLA: LAS DIFICULTADES DE APRENDIZAJE.

 

Es, sin duda alguna, la problemática más frecuente y, a la vez, la más inespecífica de todas ellas. Primero decimos que es frecuente porque cuando un profesor o un padre observa que un alumno empieza a tener problemas de comprensión, de lectoescritura, de cálculo, de calificaciones, etc. automáticamente en la mayoría de los casos lo derivan a ser valorado por el Orientador. Decimos que es inespecífica porque las dificultades de aprendizaje son, casi siempre, un síntoma más de un problema de base, aunque igualmente puede pasar que sean debidas a una situación temporal y pasajera sin que exista ninguna problemática de fondo.

 

Las causas más frecuentes son las motivaciones, las de atención y las relacionadas con trastornos del lenguaje, concretamente con la dislexia, aunque también pueden ser derivadas de retrasos madurativos e intelectuales.

 

EL FAMOSO TDA o TDA-H

 

En los últimos años sin duda en el TOP ONE de las consultas al Orientador. Es un trastorno tan frecuente como polémico y ahora explicaremos por qué. TDA son las siglas de Trastorno por Déficit de Atención y lleva el apellido –H cuando además se da combinado con Hiperactividad, de hecho, en la actualidad se le denomina “modalidad combinada”. Muchos habréis oído en los últimos años algo como “ahora todos los niños son hiperactivos” o “ahora todos los niños son TDA”, y en parte la realidad no va muy desencaminada.

 

Lo que ha pasado en estos últimos años es que cualquier niño con problemas de atención o, cualquier niño más inquieto de lo “normal” automáticamente se le ha etiquetado como TDA y, lo que es más grave, en muchos casos mal diagnosticados, se ha indicado medicación que lo único que ha hecho es crear un problema donde antes no lo había.

 

En mi opinión profesional el famoso TDA solo debe ser evaluado y/o tratado cuando objetivamente éste afecte al aprendizaje o al día a día de la persona que lo padece. Sin más. Hay niños dispersos, con buena inteligencia que aparentemente no atienden o se distraen con suma facilidad pero que cuentan con la suficiente “atención sostenida” (un día hablaremos con detalle de esta variable de la inteligencia) para hacerse con las ideas que le interesan y así adquirir los aprendizajes necesarios en el momento en que, como decíamos, aparentemente, están dispersos.

 

Lo mismo pasa con los niños “hiperactivos”. Los niños no son clones, así que no podemos aspirar a un modelo de niño estándar; todos tienen sus puntos fuertes, sus puntos débiles, sus habilidades y sus déficits. El caso es que porque un niño sea inquieto no se puede etiquetar de “hiperactivo”. ¿Cuándo se convierte en un trastorno? Pues, al igual que la disatención, cuando dicha hiperactividad suponga un problema de autocontrol en sí mismo que incida en el aprendizaje y en la vida diaria del niño.

 

LOS RECURRENTES PROBLEMAS DE CONDUCTA

 

Y ahora les toca el turno a los niños “que se portan mal”. Los problemas de conducta no son un tema para tratar en cuatro líneas y, bajo mi punto de vista, es uno de los retos más importantes a los que se enfrenta la psicología clínica y la educativa en estos tiempos. Aunque le dedicaremos un artículo específico hay que decir que la etiología (el origen) de muchos casos de problemas de conducta hay que buscarlos en la familia y, más específicamente, en la educación que se ha dado en la primera infancia, en una mala gestión de los límites y en dar por buenos ciertos comportamientos y actitudes que deberían ser cortados de raíz a la primera manifestación.

 

UN ROMPECABEZAS DE NOMBRES: LOS TRASTORNOS DEL LENGUAJE.

 

Yo lo denomino el laberinto de las DIS. Entre ellas las más frecuentes son:

 

DISLALIAS: Dificultad a la hora de articular palabras. Puede ser debida a problemas orgánicos pero también a los relacionados con el desarrollo madurativo del niño.

 

DISFEMIA: O tartamudez, es la prolongación frecuente de los sonidos o las sílabas. Es relevante cuanto su etiología es neurológica.

 

DISLEXIA (y sus derivadas): Es la alteración de la capacidad de leer cuando se debe a la alteración de las palabras, las sílabas o las letras.

 

ROTACISMO: O dislalia selectiva, es la conversión de un sonido silabante en un sonido vibrante.

 

TEL (Trastorno Específico del Lenguaje). Junto con la dislexia merece un artículo aparte.

 

 

POR ÚLTIMO, UN NUEVO INVITADO. EL TRASTONO DEL ESPECTRO AUTISTA.

 

Preocupantemente cada vez más frecuente en su variable más “leve” anteriormente conocida como Síndrome de Asperger (ahora TEA nivel 3) se trata de una problemática muy específica (aunque algunos profesionales no se den cuenta) donde nos encontramos con alguna o todas de estas características:

 

  • Niños/as con intereses restringidos: los bomberos, los lagos, los países, las espadas… cualquier cosa puede ser un interés restringido. Es su tema de conversación preferido, el motivo de sus dibujos y la causa de sus preocupaciones.
  • Poca o nula interacción social.
  • Nivel intelectual medio-alto, alto.
  • Aparición de tics o estereotipias.
  • Introversión.

 

Como decíamos es la versión más “light” del TEA que, en grados 1 y 2, presenta otras dificultades, algunas de ellas incluso incapacitantes que abordaremos en un artículo específico.

 

Espero haber contribuido a resolver la duda inicialmente planteada y, en próximas semanas, iré abordando una a una cada una de estas dificultades.